Desenvejecer

BENJAMIN BUTTON

Las personas envejecemos, esto es, nos hacemos viejos (esta afirmación es de Perogrullo y no hace falta que pienses que estoy tonto). También los animales envejecen, incluso los objetos se vuelven viejos y antiguos.

A mi mujer la expresión viejo referido a una persona no le agrada; prefiere algún sinónimo como anciano o mayor o entrado en años. Y es que viejo en la actualidad suena peyorativo, sin embargo, a mí me gusta, pues posee mucha fuerza y nervio.

Cuando un viejo mejora su salud hablamos de rejuvenecer, esto es, se ha remozado, se le supone una fuerza y vigor como la que poseía cuando era  más joven.BENJAMIN BUTTON

Existe una película, El extraño caso de Benjamin Button,  en la que el protagonista, Bratt Pit, nace con el reloj estropeado, es decir, las agujas giran en sentido contrario: físicamente nace anciano –en un cuerpo de bebe- y cada día que pasa se va volviendo más joven –mientras su cuerpo va creciendo-. Pero no se puede afirmar que Bratt Pit envejezca, pues en los días o semanas anteriores a una fecha concreta –por ejemplo, el uno de julio- no era más joven, sino que al contrario, física y mentalmente era más viejo. Aunque, por complicar un poco la reflexión, también envejece, por cuanto por él pasa inexorable el segundero, el minutero y el diero. La vida Benjamin Button resulta una enorme paradoja: un anciano que se vuelve más joven, pero que,  según pasa el tiempo  con su tránsito habitual, envejece.

¿Complicado? Al ver la peli a casi toda la gente le resulta sencillo. No obstante, a mí me resulta complicado. La confusión llega cuando pienso en la paradoja o intento explicarla. Me faltan palabras. Por ello propongo “desenvejecer”: dícese cuando una persona o cosa se vuelve cada vez más joven, pero no de apariencia, sino en su sustancia. Así se sencillo. Incontrovertible.