Gato de dos cabezas.

GATO DOS CABEZAS 2

 

Ha salido en la prensa la historia de un vietnamita, a nuestros efectos un chino, que a los sesenta y seis años ha descubierto que es una mujer. Este tipo de sucesos tan extraños, tantos los risueños como los dramáticos, ocurren siempre en China. Puedes pensar que es cuestión de probabilidades, pero ándate con cuidado, pues esa respuesta demuestra ingenuidad. No es tan sencillo. Existen muchas mentes sesudas detrás de comprender esa anomalía demográfica. Así, por ejemplo, en España se han constituido diecisiete Observatorios de Singularidades Humanas e de Animales –OSHEA-. No duermas con la tranquilidad de pensar que conoces la respuesta al enigma, porque indudablemente no es así.

El chino, residente en Hong Kong, acudió al médico aquejado de hinchazón en el abdomen -comúnmente, la tripa-. El diagnóstico dictaminó que se trataba de un quiste en el ovario, ya que, en realidad, siempre había sido una mujer.

Hace unos días ha nacido un gato con dos cabezas, ¿dónde?, en Oregón (EEUU).

El chino siempre se consideró chino, en masculino, aunque la noticia puntualiza que él conocía que la tenía pequeñita, el miembro o pene, y que carecía de testículos. Él porta una barba pequeña y rala. Claro que tenerla pequeña, el órgano, tampoco implica necesariamente una desviación sexual (no esperes ninguna broma sobre este aspecto, resultaría obvia y vulgar). En este punto me remito a mi entrada en este blog titulada “Hermafrodita”. La noticia no aclara si el hombre ha llegado a tener descendencia, aunque se presume que no.

Respecto al asunto de las criadillas atesoro mi propia anécdota. Estábamos en el colegio, tendría diez u once años, y tocaba la revisión médica. Entonces yo era todavía más inocente e inexperto que ahora. Los alumnos estábamos en fila e íbamos pasando al despacho que habían habilitado de consulta. Entiendo que el médico, después de evaluar a ochenta y cuatro niños, debía estar aburrido y desmotivado. Pasé al despacho, me pesó, midió y auscultó y, a continuación, me interrogó: “¿Tienes los testículos en su sitio?” Tarde unos segundos en responder, lógico, pues mi desconocimiento de anatomía me bloqueaba, ¿cuál era el lugar adecuado para tenerlos? Como el galeno se me quedase mirando me encontré urgido a responder: “no lo sé, siempre los he tenido en el mismo lugar”. Salí del despacho sin el conocimiento tan preciado sobre la colocación de mis genitales, pues al médico mi respuesta le debió parecer suficiente ya que no realizó después ninguna inspección táctil o visual. Durante los dos siguientes meses, hasta que entregaron el resultado del reconocimiento, mi rendimiento escolar cayó en picado. Nunca, en ninguno de los demás reconocimientos que me han realizado a lo largo de mi vida “el asunto” ha surgido de nuevo. Por eso, todavía mantengo esa duda ubicatoria. ¿Se puede vivir así?

El chino ha preferido mantener el anonimato, como si en el resto del planeta alguien pudiese llegar a diferenciarlo de otros paisanos, y decidido continuar su vida como hombre. En breve comenzará un tratamiento de hormonas masculinas. En previsión de un probable incremento del tamaño de su miembro ha solicitado una ayuda al gobierno de Hong Kong para renovar su ajuar de calzoncillos.

Fuentes médicas de aquel país han comentado que solo se conocen otros seis casos como el suyo en la historia médica mundial. Por esta razón, el paciente ha decidido formar una asociación de afectados. Misteriosamente en España ya existían diecisiete Fundaciones para el Análisis de las Enfermedades Raras de los Chinos –VAYAGETA-, todas subvencionadas. Incontrovertible