No siempre es por el color

vagabundo

Hilario Cantero Ruano conoció a Marius Youbi un invierno, cuando este hizo de la entrada al portal de su casa –la de Hilario- su lugar de pernoctación. Hilario se dirigió por primera vez al mendigo el tercer día en que le pisó inadvertidamente. La barrera idiomática imposibilitó que se entendieran, pues Marius Youbi era camerunes y desconocía el castellano y, por su parte Hilario, nacido en Ribagordo, solo aprendió, con dificultad, el español.

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(Para que esta historia pueda continuar el autor, que soy yo, esto es, Jose Manuel, creará la ficción de que ambos personajes se entendieron a la primera en una lengua indeterminada.  También debo advertir, aunque resulte dificultoso de aceptar, que la historia es, en esencia, histórica. He mantenido los nombres, lugares y fechas para que la madre de Hilario, doña Catalina, no cuestione más la verdad de los sucedidos de su hijo)

Esa noche Hilario aprovechó que su mujer se encontraba realizando unos ejercicios espirituales para invitar a Marius a subir a casa. Allí le animó a ducharse mientras él preparaba la cena. Después, entre sorbo y sorbo de sopa y dentellada y dentellada a las croquetas Hilario aprovechó para sonsacar a Marius su historia.

    – Yo vivía en Copenhague (Dinamarca) –comenzó a contar Marius-, mientrasingeniero-mecanico estudiaba para obtener mi título de ingeniero mecánico Era un buen estudiante, de lo mejorcito del campus, según escuché declarar al mismísimo Anders Correll, el portavoz de la universidad Aarhus University. Para pagarme el sustento y los estudios trabajaba temporalmente como limpiador. La jornada laboral era de quince horas a la semana.

     – Parece llevadero –se atrevió a apuntar Hilario-. ¿Con eso ganabas para vivir?

      – Un día me quedé un rato más después de mi turno, para acabar con los cristales de una oficina que sería ocupada el día siguiente, y me pilló el supervisor. Muchacho –me dijo- trabajas más tiempo del estipulado sin autorización; tendré que dar parte. Y así lo hizo. Como el asunto trascendió en la compañía el comité de empresa insistió en que se me aplicasen las estrictas leyes laborales de Dinamarca, por lo que, inevitablemente, tuve que ser despedido por trabajar noventa minutos de más fuera de contrato.

      – Eso lo hicieron porque eres negro –se atrevió a declarar Hilario.

      – Te equivocas, yo no soy negro

      – ¿Cómo qué no?, ¿acaso no eres Camerunes?

      – En cuanto la policía se enteró de que carecía de trabajo fui denunciado a las autoridades aduaneras, quienes, aplicándome la rigurosa política de inmigración del país, se vieron obligadas a expulsarme de Dinamarca. Como el vuelo rumbo a mi país hizo escala aquí aproveché para escaparme.

     – Y todavía querrán que les des las gracias por no cortarte las manos por ladrón.

  – En la universidad estuvieron en desacuerdo con esta decisión del servicio de inmigración danés, pero no pudieron hacer nada por evitar mi expulsión. Eso sí, antes de que llegará la orden de expulsión, la universidad acordó acelerar mis exámenes, pues yo tenía derecho a realizarlos después de haber pagado las 46.000 coronas danesas que costaba el curso.

     – ¿Aprobaste las asignaturas?

-¿Cómo iba a hacerlo si solo llevábamos tres semanas de clase?